CHARLAMOS CON PATRICIA GÓNZALEZ GUTIÉRREZ, LA AUTORA DE «SOROR. MUJERES EN ROMA»

«Al fin y al cabo, la historia ha tratado sobre los mismos de toda la vida y la han escrito los mismos toda la vida… y eso se percibe como “lo que tiene que ser”, como un derecho. La reacción ante nuevas formas de estudiar el pasado no va a ser intelectual, sino emocional, un rechazo visceral. Con la perspectiva de género y la historia de género pasa eso…»

Patricia Gónzalez Gutiérrez ( foto de @JeosmPhotography)

La sociedad romana era, en esencia, una sociedad patriarcal que dejó oculta en las fuentes que nos han llegado la narración de lo sucedido a las mujeres. Patricia González Gutiérrez en «Soror. Mujeres de Roma» publicado por Desperta Ferro Ediciones rompe con esa historia construida a base de batallas, nombres de grandes generales y políticos para contarnos otra historia, la de sus mujeres. Una tarea imprescindible si queremos tener una visión lo más exacta y completa posible de la verdad histórica.

(Una entrevista de Federico Romero Díaz para Divulgadores de la Historia)

¿Cuál es el objetivo de «Soror. Mujeres de Roma»?

Soror nació de la idea de proporcionar una herramienta accesible para pensar y repensar nuestro pasado, pero también nuestro presente. Eso significa que podamos comprender mejor cómo se concebía lo que era una mujer romana, en abstracto, y las mujeres romanas en concreto, las diversas formas de acercarse a ese ideal… pero también que podamos ver cómo eso nos ha influido en nuestra propia forma de entender lo que son las mujeres, y el género en general hoy, “desnaturalizar” algunas cosas para poder entendernos mejor a nosotros mismos.

Al final, leer sobre historia y estudiarla nos tiene que servir para más que tener ese concepto tan abstracto de “cultura general”, tiene que servir para conocernos y entendernos, tiene que increparnos un poco, hacernos pensar. ¿Cómo era eso de que toda historia es historia contemporánea?

Nadie se cuestiona que sea necesario dar una perspectiva social, económica o militar de la historia. Sin embargo, sí que surgen críticas a la publicación de ensayos de género ¿Por qué es necesaria la historia de género?

Hay cosas que cuesta mucho cambiar porque van más allá del conocimiento “aséptico”, porque son identitarias. Al fin y al cabo, la historia ha tratado sobre los mismos de toda la vida y la han escrito los mismos toda la vida… y eso se percibe como “lo que tiene que ser”, como un derecho. La reacción ante nuevas formas de estudiar el pasado no va a ser intelectual, sino emocional, un rechazo visceral. Con la perspectiva de género y la historia de género pasa eso, igual que cuando se estudian cuestiones LGTBIQ en el pasado o el colonialismo.

En el fondo, a nadie le gusta que le digan que sí, que muy bien lo de siempre, pero que hay más, que igual lo suyo no es lo más importante, y que esto no va de sentirnos orgullosos o de usar la historia para respaldarnos. Que va de entender sociedades, y las sociedades son amplias y diversas.

Al final, sabes que vas a tener que lidiar con mucha violencia y reacciones viscerales, pero precisamente por eso es necesario, es necesario que ese “derecho a la historia” abarque a toda la humanidad, y nos permita re-pensarnos, en general. Necesitamos visibilizar los sesgos que ha tenido siempre la historia, crear esa conciencia que nos permita percibir como nuestra también la historia de otros colectivos. Sin eso, la historia se queda en un privilegio y un ejercicio estético.

La situación de las mujeres y los hombres en Roma se diferenciaba en múltiples aspectos, por ejemplo en que las mujeres solo tenían derecho al nombre de la familia, a diferencia de los hombres que tenían tres distintos ¿en qué puntos fundamentales difería su educación?

Las mujeres no tenían un nombre propio porque se las concebía más como parte de la familia, de la comunidad, que como individuos propiamente dichos. Eran un símbolo, las portadoras del honor familiar. Tuvieron que “pelear” el tener, al menos, una segunda parte en el nombre que les permitiera identificarse en el espacio público, ser algo más que un número.

Su educación iba en el mismo sentido. En la educación “primaria”, enfocada a cuestiones básicas como la lectura, no había diferencias, pero luego se dirigía a la actuación pública, al foro, la política y la abogacía, y ahí ya las mujeres quedaban vetadas, más por una cuestión social que legal. La mujer no debía hablar, no debía destacar… su educación pasaba por ser una buena madre y gestora. A veces ni eso, cuando la esposa de Plinio el Joven tuvo un aborto, el buen señor lo achacó a que era joven y sin preparación para esas cosas, pese a que ya era una mujer casada y, en teoría, adulta. Sin embargo, la vida real se abría paso y las mujeres lograron acceder a una educación informal a través de sus familias, de las bibliotecas familiares y de su propio esfuerzo. De ahí que tengamos a esas Cornelias mecenas de las artes, a esas Sulpicias poetas o a esas Agripinas que escribían memorias familiares. Y todo eso sin contar con la educación en oficios, que nos hace encontrarnos desde bibliotecarias a médicas, maestras y secretarias.

¿En qué trabajos era más corriente encontrar mujeres en la Roma antigua? ¿Hubo empresarias, médicas, abogadas?

En realidad, nos encontramos mujeres en todos los oficios que no tuvieran expresamente prohibidas. Una bonita mezcla entre la necesidad, el uso de esclavas y libertas para trabajar y un deseo de cierta independencia y libertad. Solo están ausentes de los officia virilis (y aun así nos encontramos, por ejemplo, a una recaudadora de impuestos). Quizás los que más nos sorprenden son los oficios que necesitaban de muchísima formación o los muy físicos, como las médicas o las herreras, pero es algo que viene más de nuestros prejuicios, de no haber cuestionado suficientemente las fuentes, que de la realidad arqueológica que nos encontramos.

De hecho, con las médicas ha habido un esfuerzo casi consciente por invisibilizarlas, considerarlas solo comadronas o negar su existencia. Y eso es algo contemporáneo, no estamos hablando del siglo pasado, pese a todas las pruebas en las fuentes, en la epigrafía y en la arqueología.

En una sociedad dominada por los hombres, ¿con qué «redes de apoyo» contaban las mujeres ante los grandes peligros que los acechaban: muerte en el parto; leyes y normas sociales que las relegaban a un segundo plano; maltrato físico; la pobreza si el marido fallecía; la falta de acceso a la educación superior, etc?

La clase, en general, prevalecía. Una romana y una esclava difícilmente iban a estar “en el mismo equipo” más allá de las lealtades personales. Pero sí había grupos de solidaridad entre mujeres de la misma clase, como vemos en las intrigas políticas, o en las amistades que se creaban entre ellas. Mónica, la madre de San Agustín, comentaba con sus amigas las maneras de evitar que sus maridos las maltratasen. En la famosa carta de Vindolanda, citada en el inicio del libro, en que una mujer escribe a otra para invitarla a su cumpleaños, la llama “hermana”. También en el poema que escribió una poeta a Sabina, la esposa de Adriano, garabateado en uno de los Colosos de Memnón, se percibe el amor, la admiración y una cierta unión.

Por fuerza, había relaciones que iban más allá de la amistad o la alianza política, como en el caso de una mujer que escribió en los muros de Pompeya un poema de amor a su amante femenina. En la vida cotidiana, el apoyo entre mujeres tenía que ser una estrategia de supervivencia y cuidados más allá de lo que vemos en las fuentes. Tampoco somos tan diferentes, y haríamos mal en subestimar la fuerza de las emociones, la amistad y el amor en las relaciones diarias.

¿Cuáles eran los principales sistemas abortivos y de contracepción a los que las mujeres podían recurrir en Roma?

Había un poco de todo. Los médicos romanos recogían desde anticonceptivos y abortivos tempranos basados en los principios activos de las plantas (por ejemplo, de la ruda, el perejil o la sabina), en el estrés físico (aun hoy se recomienda no “forzar la máquina” en los primeros estadios del embarazo, o no tomar baños muy calientes). También tenemos métodos más agresivos luego y, si todo fallaba, los métodos “quirúrgicos”, como la embriotomía, que consistía en extraer el feto de manera manual. Las cesáreas no existían aún como tales, pero la ley indicaba que tenía que intentarse cuando la mujer moría embarazada.

Es curioso que muchos de estos métodos siguen siendo los habituales en los abortos clandestinos actuales… es decir, la sofisticación de la época era importante. Los romanos invirtieron mucho conocimiento, esfuerzos e ingenio para intentar salvar a las madres en casos de peligro, o controlar la natalidad y el tamaño de sus familias.

A lo largo de los siglos que abarca la historia de Roma, ¿se puede hablar de una evolución de la situación de la mujer? ¿Supusieron la Edad Media y el Renacimiento un avance o un retroceso en su situación social?

Las mujeres alcanzaron una cierta capacidad y agencia social durante el Imperio. Podían manejar sus bienes, habían conseguido deshacerse de la tutela… Eso les permitió, por ejemplo, participar de forma muy activa en el cristianismo primitivo, financiando iglesias domésticas o monasterios. Sin embargo, el cristianismo seguía siendo tan patriarcal como la sociedad en la que había surgido, y “devolvió” a las mujeres al hogar. Pese a todo, la Edad Media fue una etapa más libre para las mujeres que el Renacimiento. A finales del medievo, con el surgimiento de las universidades (a las que no tenían acceso), o el inicio del Renacimiento, con la caza de brujas, la situación empeoró.

Joan Kelly se preguntaba si las mujeres tenían renacimiento, y la historiografía reciente ha recuperado el papel de la mujer en la Edad Media. Eso debería quitarnos la idea de que, en primer lugar, la historia es lineal y camina inexorable hacia el progreso, y, en segundo lugar, que los derechos conquistados no se pueden perder. Siempre es posible retroceder.

Por otro lado, también debería hacernos pensar sobre cómo concebimos la historia, en que hasta la periodización es androcéntrica y propagandística, y como tendemos a atribuir cualquier atrocidad a la Edad Media.

¿Qué era exactamente una mujer para un romano?¿qué esperaba de ella en cuanto a su comportamiento en el hogar y en público?

Una romana era concebida como un romano mal hecho, literalmente. Se pensaba que había un cuerpo único, el del varón romano, y luego “deformaciones” por un mal cocimiento en el útero (también es una idea bastante literal). Las mujeres, por otro lado, eran “hornos” en la reproducción y, de hecho, los hijos no eran considerados parientes directos de sus madres. Lo de “papá pone una semillita en mamá” era algo bastante literal también. Además, estaban controladas por el útero, que se concebía (más en lo popular que en las fuentes médicas, todo sea dicho), como un animalillo semiconsciente que se movía mordisqueando órganos y provocando “histeria” y volubilidad.

Así, la mujer tenía que ser casta, modesta, adecuarse a su papel familiar y obedecer a los hombres. Por su propio bien. Era como la naturaleza, que debía ser domada para ser fértil y útil, a riesgo de ser un peligro para todos. También eso es bastante literal, y la metáfora agrícola se usaba mucho. Aun hoy tenemos esa idea de asociar a la mujer a lo emocional y lo natural. A su vez, se elogiaba su belleza o sabiduría… Son contradicciones que aun hoy nos marcan.

Todo esto hacía que las mujeres fueran consideradas inferiores mental, física y moralmente. Lo cual servía para justificar un sistema político e ideológico que las relegaba al hogar, la domesticidad y la reproducción. Al final, la ciencia surge en sociedades con una serie de ideas preconcebidas. Es lo que Donna Haraway llamaba el “conocimiento situado”… ninguna ciencia ni saber surge de la nada.

¿Qué subterfugios tomaban las mujeres que trataban de evitar las leyes y normas sociales que las relegaban a una posición subordinada con respecto a los hombres?

Las mujeres siempre buscaron los huecos legales. Por supuesto, las que tenían otros privilegios (ciudadanía, dinero…) lo tuvieron más fácil, por ejemplo, para sortear la tutela cambiando de tutor cuando les convenía, o usando su dinero para ganar prestigio social. Los mismos romanos eran conscientes de que algunas normas eran absurdas, porque, en realidad, las mujeres manejaban sus negocios y sus asuntos, pese a las normas que intentaban sujetarlas al hogar.

En algunos casos excepcionales recurrieron a la organización y la actuación en público, como en el caso de Hortensia, que se atrevió a hablar en el foro para increpar a los políticos, o como las mujeres que organizaron “escraches” y manifestaciones públicas para pedir la derogación de algunas leyes.

No siempre les salió bien esta búsqueda de libertad, como vemos con la represión de las Bacanales, en que se acusó a las mujeres de todo tipo de atrocidades, probablemente por interferir en la religión cívica. No fue el único caso de ejecuciones masivas de mujeres. No era un juego fácil, desde luego.

¿Cuál era la visión de la sociedad romana con respecto a la homosexualidad femenina? ¿estaba penada legalmente?

En realidad, el sexo romano no iba tanto de orientación como de jerarquía. Las prácticas homoeróticas estaban bien vistas si implicaban a una persona poderosa ejerciendo un papel activo y una persona de inferior estatus ejerciendo un rol pasivo. El problema venía cuando eso se rompía en pedazos, como en el caso de mujeres en relaciones sáficas activas u hombres en relaciones homoeróticas “afeminadas”.

Eso sí, mientras estas últimas podían llegar a conllevar la pérdida de ciudadanía y otras penas, en caso de abusar de un ciudadano, por ejemplo (aunque era más usado como arma política que moral, y no siempre pasaba, como vemos con César, que siguió feliz con su vida y su carrera), el caso del homoerotismo femenino causaba más sorpresa que otra cosa.

El rechazo social se combinaba con el asombro y el desconcierto. Los romanos no eran muy buenos concibiendo cómo se podían relacionar dos mujeres, y se le salía muchísimo de los esquemas. Eso sí, las fuentes nos refieren un caso en que, en un caso de adulterio, el marido se vio completamente autorizado a matar a la amante de su mujer. Al fin y al cabo, el adulterio era el adulterio.

Sabemos de tu larga trayectoria académica en el campo de la historia de género y del próximo estreno de la serie documental “El Corazón del Imperio” en Movistar + ¿en torno a qué gira esta serie? ¿Cuáles son tus próximos proyectos Patricia?

El Corazón del Imperio ha sido toda una experiencia, la verdad, y se ha concebido de una forma en que ha implicado a las historiadoras de una manera muy activa. Y de verdad se ha intentado aportar un cambio de perspectiva en este tema. Ha sido algo muy intenso y apasionante, y seguro que da mucho de lo que hablar y mucho para reflexionar. La verdad es que no me importaría repetir jeje

Estoy también en proceso con otro libro, que esperemos que vea la luz el año que viene, y tengo un tercero en el cajón que se está resistiendo. Entre eso, los cursos, charlas varias y tener que cuidar a mis padres, la verdad es que tengo la agenda bastante completa. ¡Siempre es entretenido ver que surge!

Te deseamos mucho éxito en tus próximos proyectos Patricia, muchísimas gracias por el tiempo que nos has dedicado y por el interés de tus respuestas, dan mucho sobre lo que pensar.

Os dejamos un enlace para que podáis comenzar a leerlo o comprarlo.

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