Entrevista a José Soto Chica el autor de “Visigodos. Hijos de un dios furioso”

“Se nos ha enseñado desde el siglo XIX que los pueblos son eternos e inmutables. Eso es falso. Los godos, como los demás pueblos antiguos y modernos, eran una “realidad cambiante””.

El autor: José Soto Chica

Una entrevista de Federico Romero Díaz para Divulgadores de la Historia.

Antes de nada felicitar a José por su nuevo ensayo. Si el anterior “Imperios y bárbaros: la guerra en la Edad Oscura” ha sido toda una sorpresa por su impacto, su segundo ensayo con Despertaferro Ediciones “Visigodos. Hijos de un dios furioso” promete no ser menos. Tras leerlas debo decir que ambas son obras notables por sus novedosos enfoques de temas pertenecientes a esa tardo-antigüedad que, gracias a estos dos libros va siendo cada vez menos oscura, en especial para el gran público.

En la introducción de tu libro comienzas a tratar de un tema sobre él que se han vertido ríos de tinta ¿A partir de cuándo podemos considerar que aparece el concepto de España? y ¿Por qué?

-Bien, lo primero que hay que decir es que aunque España está íntimamente ligada a Hispania, no son dos conceptos por completo intercambiables, aunque el segundo de ellos, Hispania, sin duda da origen al primero.

Para los romanos Hispania terminó configurando un espacio geográfico y administrativo singular similar al que fueron configurando la Galia, Britania o el Ilírico, entre otros. Por ello fue natural, si se me permite la expresión, que se terminara agrupando a siete provincias, Gallaecia, Tarraconense, Bética, Baleares, Cartaginense, Lusitania y tinjgitana bajo una misma entidad administrativa: la Diocesis Hispaniarum, con capital en Emerita Augusta (Mérida). Para mí está claro que esta creación administrativa no hacía sino dar cuerpo a una realidad ya existente: la Hispania romana y que ambas fueron la base que permitió la creación del Reino visigodo de Toledo. Aunque este último también se extendía sobre parte de Galia y no tuvo control sobre las Baleares y sobre la Mauritania tingitana, lo cierto es que en los textos de la época queda muy claro que desde época de Teudis de forma germinal y desde época de Leovigildo y Recaredo de forma clara, se estableció una sinonimia entre Regnum Gothorum e Spania o Hispania. Así, por ejemplo, los contemporáneos extranjeros de Leovigildo, como el franco Gregorio de Tours, no tenían problema alguno en llamar a Leovigildo “Rey de los hispanos” pese a que sabían que reinaba también sobre una porción de los galos y pese a que era rey de los godos, o en llamar a Recaredo “Rey de Hispania” pese a no tener el dominio de esta por completo. En los propios documentos godos, como las actas de los concilios de Toledo o el Liber Iudiciorum, se establece esa relación y se define al sujeto político sobre el que reinaba el rey visigodo como “Spaniae Populi” y ello pese a que  se constataba igualmente que el Reino se componía de Gallaecia, Hispania y Galia Narbonense. San Julián de Toledo, escribiendo ya en las décadas del 670 y del 680, denominaba como “Hispano” al ejército del rey Wamba y establecía una absoluta identificación entre “Hispanos” como los súbditos fieles de Wamba y “Galos”, “Francos” etc para designar a sus enemigos. Por lo tanto, la Hispania visigoda es un concepto no sólo aceptable, sino plenamente real e histórico y puesto que el Reino de Asturias desde el primer momento se consideró su heredero y transmitió esa idea a los reinos de la Hispania medieval. La aparición de España en la Edad moderna se ligó estrechamente al viejo reino visigodo y la equiparación entre Hispania y España fue cosa corriente y se retrotraía al siglo VI. Para mí es absurda la polémica de cuando aparece “España”. En primer lugar porque el debate está trufado de ideología política y por ende, contaminado y en segundo lugar porque no hay nación estado en Europa que pueda ofrecer tantos “Títulos” como España. Ahora bien, Hispania y España no son intercambiables por completo, sino realidades ligadas entre sí: Hispania precede y determina a España, pero no es una realidad “Eterna” las naciones se crean, se inventan, pero siempre sobre realidades previas.

El largo viaje de siglos que lleva desde el origen de los godos hasta su asentamiento en la Aquitania primero y en Hispania después es un proceso de varios siglos y miles de kilómetros. ¿Qué tienen en común y en que se diferencian cultural y étnicamente esos primeros godos que salen de Escandinavia con los visigodos que llegan a Hispania?

Es una buena y difícil pregunta. Bien, se nos ha enseñado desde el siglo XIX que los pueblos son eternos e inmutables. Eso es falso. Los godos, como los demás pueblos antiguos y modernos, eran una “Realidad cambiante” En su largo migrar por Europa se mezclaron con otros pueblos, se dispersaron, se concentraron, adoptaron nuevas costumbres, perdieron muchas de sus tradiciones, etc. ¿Qué quedaba de los godos que dejaron Escandinavia o la Costa Báltica de la actual Polonia cuando los visigodos penetraron en Hispania? Pues muy poco. Peter Heather, sin duda una de las grandes autoridades en la materia, calculó que ya a fines del siglo IV al menos el 25% de los godos no tenían origen étnico gótico y yo creo que ese porcentaje aún era mayor y que no dejó de crecer. A inicios del siglo V la mayoría de los seguidores de Alarico ya hablaba latín como lengua vehicular y a fines del siglo V e inicios del VI, cuando realmente comenzaron a instalarse masivamente en Hispania, culturalmente hablando eran más romanos que germanos y hay que hacer un esfuerzo notable para rastrear en el siglo VI supervivencias germánicas entre ellos…. Los nombres, unas pocas tradiciones, algo del viejo derecho germánico…. Tan sólo eso quedaba a fines del siglo VI y tras el fin del arrianismo oficial las diferencias entre godos y romanos aún fueron más escasas. Lo que importaba era la conciencia de grupo, de élite militar. En última instancia los Gothi no eran sino los seguidores armados del Rey godo y por eso el término Gothi, godos, no era tanto una denominación étnica, cultural, etc como el nombre de una élite armada dominante que buscaba en la recreación de un pasado semi-legendario y en unas pocas tradiciones propias su “conciencia de grupo”  y su razón de ser y dominar.

Ni Alarico, ni Ataulfo tras décadas de lucha consiguieron su verdadera ambición que era conseguir un buen estatus en el sistema romano e integrarse en él. No será hasta la firma del foedus con Walia cuando lo consigan. ¿A quién debemos achacar tantos años de lucha o desacuerdo?  ¿A los godos o a Rávena? ¿Qué porción de responsabilidad es achacable a cada parte?

Sí, el sueño de Alarico era ser Magister militum romano y su lucha y su gran triunfo, el saqueo de Roma, no son sino la proyección de una frustración personal. ¿A quién debemos el desacuerdo? A ambos. Roma, Rávena, con Honorio a su cabeza, no calibraron bien las fuerzas y el peligro y mostraron una torpeza absoluta. En cierto momento, justo antes del saqueo de Roma por Alarico, este último estaba dispuesto a contentarse con muy poco y sin embargo, increíblemente, Honorio se lo negó. Pero por otro lado, conceder a Ataulfo lo que pedía en 413-414 era, sencillamente, entregarle el verdadero poder sobre el Imperio. Podríamos concluir que Honorio perdió la oportunidad de integrar, permítaseme el presentismo, a los godos y que Ataulfo perdió la oportunidad de moderar su ambición y coronar así esa integración.


¿Cuáles son los principales hitos del asentamiento visigodo en Hispania? ¿Es producto más de una voluntad visigoda o a la fuerza de las circunstancias ante el avance imparable de los francos de Clodoveo en el territorio galo de los visigodos?

Para mí no hay duda de que fue el empuje franco el que determinó en última instancia que Hispania y no Galia fueran el corazón del Reino godo. Sin la presión franca los godos no hubieran comenzado a instalarse de forma rápida y masiva en Hispania y, sobre todo, no habrían trasladado a ella su centro. Hispania era una tierra turbulenta y de frontera y la migración goda a ella de fines del siglo V e inicios del VI es la marcha de un pueblo en busca de refugio y de nuevas “oportunidades”.

Reino de Tolosa(418-507)

Las relaciones entre vándalos y godos nunca fueron buenas ¿Cuáles son los motivos?

Eran dos pueblos con largas y antiguas pendencias que se remontaban al siglo III y a los días en que ambos rondaban las fronteras Danubianas y Dacias del Imperio. Tenían íntimas conexiones lingüísticas y culturales entre sí y ese viejo odio que se tenían pervivió hasta los días de Genserico y Teodorico II. No obstante y ya en el siglo V, a los viejos odios se añadió que ambos pueblos pugnaban por hacerse con la hegemonía sobre los restos del Occidente romano. Solo al final, cuando Justiniano lanzó su recuperatio, su reconquista del Occidente romano, tuvieron un amago de alianza para tratar de resistir el empuje romano.

Que supuso la ocupación bizantina del sudeste peninsular para el Reino visigodo. ¿Fue realmente un dinamizador cultural y económico?

En primer lugar fue un factor que les obligó a unirse. En 552, cuando se verificó la intervención romano-bizantina en Hispania estaba claro que los visigodos estaban al borde de su final como entidad política independiente y si no siguieron el camino de ostrogodos y vándalos fue porque con Atanagildo, tímidamente y sobre todo con Leovigildo, comprendieron que o se enfrentaban a la nueva Roma o sucumbirían.

Ahora bien, Bizancio dinamizó sin duda la economía y la cultura visigodas. Constantinopla fue el modelo de Toledo y el Rey godo, desde Leovigildo en adelante, imitaba conscientemente al Emperador. Rivales y modelos, eso fueron los romanos de los siglos VI y VII para los godos.

Viajamos a la última parte del siglo VI. La situación del reino godo era muy crítica. Amenazado por los francos al norte, los bizantinos en el sureste, con suevos, la Sabaria de los sapos, cordobeses,  los vascones, Cantabria, etc todos ellos independientes del poder de Toledo, ¿Cómo consigue Leovigildo imponerse a todos y reiniciar bajo su mando todo el territorio peninsular? ¿Cuáles fueron las claves de su éxito?

 Leovigildo fue un genio de la guerra. Sus primeras campañas son las acciones de un Señor de la guerra que suple con ferocidad y audacia la falta de fuerzas. Golpe de mano a golpe de mano, fue reuniendo poder y recursos y al cabo, conforme se fortaleció, sus acciones bélicas pasaron de unos pocos cientos o miles de guerreros, sobre todo jinetes, a ser las acciones de un gran y formidable ejército.

A ese genio militar Leovigildo sumó su gran visión política: reunir realmente a hispanos y godos en una suerte de “empresa” común y su implacabilidad para aplastar cualquier oposición interna. Gregorio de Tours, un historiador franco contemporáneo de Leovigildo, decía de él que “No dejó vivo a ningún enemigo del trono con edad suficiente como para que pudiera orinar contra la pared” En suma: genio militar, excelente organizador y político y mano de hierro. Esas fueron sus virtudes y sus bazas y sin él los godos habrían pasado a ser un reino destinado a la irrelevancia, como los suevos o a la desaparición, como los ostrogodos y vándalos.

Fue Gosvinta la esposa de Leovigildo la mujer más poderosa del reino godo de Toledo? ¿De qué otras mujeres poderosas podemos hablar?

Gosvinta es una mujer increíble: esposa de dos reyes, Atanagildo y Leovigildo, madre de poderosas reinas francas como Brunequilda, centro de todos los tejemanejes e intrigas políticas que se urdieron en la Hispania y la Galia de su época, su personalidad es colosal y su influencia en la historia difícil de calcular. Fue, sin duda, la fuerza subterránea que desencadenó la guerra civil entre Leovigildo y su hijo Hermenegildo y su posterior relación con Recaredo es enigmática e inquietante. Sin duda Gosvinta fue la visigoda más poderosa, pero no fue la única mujer con poder o influencia y podemos señalar, entre muchas, a la reina Liuvigoto o a la reina Egilona. Esta última, Egilona, esposa de Rodrigo, supo mantener su poder e influencia incluso tras la caída del Reino y todo apunta a que fue su influencia la que llevó al hijo del conquistador, Musa ibn Nusair y primer Gobernador de la Hispania musulmana, a acariciar  la idea de proclamarse “Rey e independizarse de Damasco o al menos eso sugiere el contemporáneo cronista de la Crónica Mozárabe de 754.

La Península Ibérica floreció culturalmente en el siglo VI, en un contexto muy diferente si lo comparamos con la Francia de los merovingios, Britania, Germania o incluso la Italia lombarda ¿A qué factores debemos agradecerle ese florecimiento y cuáles fueron sus mejores exponentes?

Sí, la Hispania de fines del siglo VI y, ante todo, la del siglo VII, contempló un gran esplendor cultural que destaca aún más ante la pobreza cultural que se va asentando en el resto del Occidente romano-germánico.  ¿A qué se debe? En primer lugar a la romanización tan profunda con que ya contaban los godos, en segundo lugar a la pujanza cultural que mostraba la Hispania romana, en tercer lugar a que tanto la Iglesia Hispana como el Aula regia, el Palatium, comprendieron que para mantener sus estructuras administrativas e ideológicas les era necesario mantener el legado cultural de la vieja Roma. Esto es, si se quería pertenecer a la élite del Reino se debía contar con una educación y con una cultura. Dicho de otro modo: la cultura fue un sello distintivo de la élite y tanto los centros de poder locales como el Aula regia se constituyeron en focos culturales y educativos.

Pero con todo lo anterior se advierte un gusto singular por el conocimiento y su conservación. San Isidoro y sus Etimologías, esto es, una auténtica “Enciclopedia” que compendiaba el saber de griegos y romanos y lo hacía accesible para el hombre medieval, o Sisebuto, el rey astrónomo y poeta de inicios del siglo VII, son el resultado de una sociedad en la que el amor por el saber era norma entre sus élites.

Ciertamente es increíble la constelación de sabios y eruditos: San isidoro, San Braulio, San Julián, Sisebuto, Tajón de Zaragoza, Eugenio de Toledo, San Leandro, Masona de Mérida, Juan de Bíclaro, etc no tiene parangón con ningún otro lugar de Occidente. ¿En dónde radica la importancia de la obra de San Isidoro?

¿Le debemos a los visigodos en un tanto por cien muy elevado la preservación del legado cultural romano?

Sí, y es hora de reconocérselo. San Isidoro no sólo compendia, sino que prepara el legado clásico para que sea asumible por el hombre medieval. Más aún, en su obra histórica y cronística enlaza sin rubor al pasado pagano con su presente cristiano y en sus Sententiae y en sus Etimologías define que es el buen gobierno y el buen gobernante y con ello delimita la idea del poder y del gobierno para los europeos de buena parte de la Edad Media. Su obra es inmensa y a través de ella se salvaron infinidad de conocimientos y noticias legadas por la antigüedad.

Pero no sólo San Isidoro, en general los sabios del periodo visigodo sirvieron de puente entre la antigüedad clásica y la Edad Media y, más aún, no sólo conservaron, sino que crearon y generaron ideas atrevidas e innovadoras.

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